jueves, 17 de noviembre de 2016

Recuerdo de una Noche

Recuerdo de una Noche
(La bestia que pedía amor a gritos)

            Después de terminar de trabajar, decidí caminar un poco por la avenida central de ésta ciudad y quizás lo que me anime un poco a escribir estas líneas sea lo acontecido en un pequeño lapso de tiempo, fugaz, efímero y casi irrelevante para cualquier mortal ordinario, como yo.

           
Darían las 6:30 pm o quizás más cerano a las 7:00 pm, cuando me detuve frente a una ventana de vidrio trasparente, mostraba una copia del cuadro persistencia de la memoria, de Salvador Dalí, lo reconocí casi de inmediato aunque no soy un experto en la materia, es más podría considerárseme un analfabeta en cuestiones de este tipo, sin embargo sé apreciar el arte (aunque sea una vil copia).  Camiando a casa un viejo recuerdo volvió a florecer en mi mente, y advertí que ella aún habitaba mi vida y mi ser; quizás almacenada en un oscuro pozo de mi subconsciente, o en una hendidura cerebral donde se alojan los recuerdos que en ocasiones deseamos sepultar y hacer en nuestra cuenta una página olvidada.

Dando tumbos en mi cabeza y con la imagen del cuadro en mis ojos, tomé la iniciativa de escribir esto (sea lo que sea que escriba) porque determiné que la única forma de verdaderamente olvidarlo es exteriorizándolo, no por la inútil idea de publicarlo o por presumir de escritor (el cielo me guarde de pertenecer a ese grupo de ratas), sino porque concebí la teoría que una vez almacenado en otro medio (físico en este caso, no sé si la memoria humana sea un medio físico de almacenamiento) podría engañar a mi cerebro haciéndole creer que estos recuerdos deben ser borrados definitivamente, porque ya existe un respaldo, el cual es más fácil  destruir.

Mi nombre es Augusto, harán ya cinco años desde que la conocí, Iris es su nombre. Una verdadera belleza en cuanto a mujer se trata, bien agraciada de cuerpo, con un rostro verdaderamente angelical, unos ojos virginales que hipnotizan a cualquiera.  

En una noche algo fría salí como de costumbre a sentarme en los peldaños que están frente a la catedral, es algo que disfruto mucho, en ocasiones he llegado a pensar que comparto algo con esas grandes gárgolas que adornan las viejas catedrales góticas. Al igual que yo, otros individuos comparten el mismo placer, parejas que desarrollan ahí sin ninguna inhibición sus insinuaciones románticas.

Siempre he detestado al ser humano, me ha parecido siempre un criatura inescrupulosa, sucia, vil y en general inútil; pero este sentimiento se ve incrementado exponencialmente cuando los humanos tienden a agruparse en sus extraños círculos, cargados de falsos sentimientos y rídiculas formas de camaraderías que rayan en el retraso mental.  

Justo cuando iba a retirarme, escuché la voz que me interrogaba, no pude reaccionar de inmediato, la voz firme e inquisidora me preguntó ¾¿tienes frío? ¾ Un poco, balbucé ¾¿quieres compañía? ¾ esta segunda pregunta hizo recorrer en todo mi cuerpo una extraña sensación, eso depende de la compañía, respondí un poco más seguro que la primera vez; a lo que ella simplemente agregó, mientras hacía de un peldaño su asiento, ¾mi compañía¾. Nunca he sido muy hábil con las palabras, quizás porque siempre he estado relativamente solo en mi vida (ni mucho menos hablando de mujeres), sin más que decir pregunté ¿cuál es tu nombre? ¾Iris¾ respondió secamente, sin siquiera devolver la pregunta, a lo cual yo agregué, Augusto es el mío; extraño nombre para un hombre de tu tipo, no entendí el comentario y tampoco le pedí que lo explicara. Duró alrededor de 30 minutos el encuentro, se levantó ¾ya tengo que irme¾ dijo, mientras acariciaba mi rostro como quien acaricia a un desvalido niño; me incorporé preguntándole si la volveria a ver, me dio la espalda y se alejó.

Caminé durante una hora más antes de ir a mi casa, tratando de entender lo que había pasado. Todos los días siguientes llegué usuariamente a la misma hora a la catedral con el ánimo de verla ¿para qué? No lo sé, solo sé que algo en mi interior así lo exigía, pero mis esfuerzos fueron infructíferos, ella no apareció.

El sábado de esa semana venía un amigo de la capital, me telefoneó para pedirme que saliéramos a tomar algo y conversar un poco, yo accedí sin reparos. G y yo visitamos un bar de la calle Santa Ana, tomábamos la cuarta o quinta cerveza (supongo que solo las cuenta el mesero), G exponía su idea de la muerte; ¾cuando morimos en realidad no morimos, parte de lo que somos e hicimos en vida sigue existiendo en la mente de quienes nos recuerdan, en los libros que escribimos o en el teorema que demostramos, así la muerte es incompleta¾, según usted G, ¿cómo debería ser una muerte completa? ¾Simplemente desvanecerse, esfumarse, hacerse nada de pronto, desaparecer incluso de las mentes de las personas y no hablo sólo del cuerpo, también incluyo todo lo hecho por tu persona, es más, hasta desaparecer de las fotografías, cuadros, etc. Que no quede rastro de que una vez existimos, simplemente desvanecerse, como cierto gato¾ agregó sonriente.

Eso sería bastante interesante, ¾¡claro que sí!¾ dijo enérgicamente. Imaginé los retos que eso supone para la ciencia, habría que aprender todo lo que cierto individuo haga durante esté vivo, porque una vez muerto todo desaparecería.  

En ese momento se levantó de la mesa, creo que motivado por cierta mesera de buen porte, cuando advertí que ella (Iris) estaba en una de esas mesas con otras personas, pero sólo observé a un sujeto sentado a su diestra, no parecía muy inteligente, es más casi podía percibir como destilaba estupidez en cada una de sus insulsas carcajadas de ebrio, cuando ví algo que perturbó profundamente mi consciencia, la besó, la besó en los labios, haciendo una demostración pública de que ella le pertenece, que era suya y que se siente orgulloso de tenerla. Sentí que el asco que me producía esa escena era ya incontenible, pero, ¿qué podía hacer? Yo, un desconocido en su vida, quizás ya ni me recordaba, ¾  ¿qué le pasa A?, ¡oe A! ¾ dijo G, sacudiéndome para que regresara, ¡nada! Sólo es la cerveza, respondí, voy al baño, ya regreso, entré aún con el sentimiento de asco que me produjo la escena anterior, tomé un poco de agua y lave mi rostro, esperando relajarme, cuando regresé a la mesa ella ya no estaba ¿dónde están las personas de esa mesa?, le pregunté a G ¾ van saliendo¾ me respondió, ese con ademanes de homosexual que está pagando es el ultimo de ellos, ¾¿por qué?¾ preguntó G, ¾no me diga que ahora está metido en esas cosas, A¾ ¡no, usted está loco! ¿y la chavala?, la que los acompañaba, ¿dónde está?, ¿ya salió, también? ¾No, ella está en el baño¾ entré al baño (de esos baños con puertas dobles bien rotuladas “damas” y “caballeros” justo en el lugar donde somos menos damas y caballeros, pensé rápidamente) ella estaba en el lavabo, impulsado quizás por el alcohol, me abalancé sobre ella y la abracé por la espalda, ella quieta observó mi rostro frente al espejo, ¾¡Augusto!, ¿Verdad?¾ dijo tranquilamente, si así es, te he extrañado mucho, a modo de respuesta hizo una mueca que me pareció una sonrisa confusa. Quiero verte, necesito hablar contigo, ¿dónde puedo encontrarte? Pregunté con cierto tono de desesperación, tomó un lapicero de la bolsa de mi camisa, anotó un número de teléfono, ¾aquí puedes llamarme¾ me lo entregó y dijo ¾ya tengo que irme¾ acariciando mi rostro como la primera vez. G y yo también nos retiramos del bar, fui caminando hasta mi casa, pensando únicamente en ella.

Esa noche no pude conciliar el sueño, por momentos dormía y otros no se si estaba soñando o despierto, una profunda desesperación se apoderaba de mi alma, mientras un terrible dolor de cabeza destruía mi serenidad. A la mañana siguiente marqué aquel apócrifo número, me llamó la atención que las cuatro últimas cifras fueran 1729, un número muy interesante, sonó un voz firme pero a la vez cálida, ¾ ¿diga?¾ trémulamente dije, con Iris por favor,¾sí, ella es quien habla¾ mi regocijo fue indescriptible, hola soy Augusto, ¿quiero  verte?; dije rápidamente; ¾ ¡Augusto!, no puedo, no puedo verte¾ ¿por qué?, cuestioné con violencia, mientras me sentía despedazado, por qué no, ¾simplemente no puedo, voy con mi familia a nuestra finca, regreso en una semana; hasta entonces será posible, voy a colgar, que tengas buen día¾ terminó la llamada.

Los días de la espera oscilaron entre la desesperación la violencia, los libros que alimentaban mi ansiedad y las rondas nocturnas de alcohol y mujerzuelas, en busca de favores sexuales; una rutina que me era de lo más asquerosa una vez terminada. En una occasión llegue a insultar a una de estas tipas, no con las acostumbradas malas palabras del bajo mundo, sino haciéndole notar lo ruin, pérfida, inútil, vacía y mercantile que es su miserable existencia; incluso dije que las mujeres no son ni comparables con los animals es ese sentido (sexual), puesto que una hembra sólo permite ese sucio intercambio de fluidos para la mera reproducción de la especie, mientras la mujer, no, en el macho tal comparación no es válida puesto que hombre o animal siempre está disponible para saciar los ruines deseos de las hembras (mujeres); si no mal recuerdo hice que realizara actividades sexuales que hasta una prostituta, de lo más bajo que puede engendrar la más oscura de las calles, sienta asco.

Creo que realicé unas 15 llamadas a su casa (o lo que yo suponía era su casa) pero nunca alguien contestó. Pasada la semana una de mis llamadas logró tener éxito, ¿Iris? ¾¾ dijo aquella voz que ya me era familiar; soy Augusto, necesito verte, debo verte, por favor ¾está bien¾ me dijo, ¾hoy a las 7:00 pm en la catedral¾ dijo pausadamente, ahí estaré agregué, mientras caía el teléfono al otro lado.

Llegué con una hora de anticipación, no podía soportar más la angustia y la espera, centenares de cosas pasaban por mi mente, ¿qué iba a decirle?, ¿cómo explicarle lo que siento? (si es que se puede explicar), finalmente llegó, con 25 minutos y 48 segundos de retraso. ¾Hola¾ dijo viéndome a los ojos, sentémonos le dije tomándola del brazo, no sé cómo explicarte pero desde aquella noche en estas gradas no puedo sacarte de mi mente, te recuerdo todo el tiempo (en ese momento note que físicamente es muy joven quizás más que yo, pero algo intangible muy en su interior revelaba un nivel muy elevado de vida o experiencia, nunca lo supe con seguridad). ¾Si, yo también te recuerdo, al igual no he podido olvidarte¾ después de pronunciadas estas palabras sentí que un puente comunicaba nuestras almas, que ella era para mí y yo era para ella (cruzó en ese momento por mi mente aquel grotesco beso en el bar de Santa Ana), y él, dije con violencia, ¾ ¿qué él? ¾ preguntó, el sujeto que te besó la otra noche en el bar de Santa Ana, ¾ él es Henry, mi novio¾, quiero que estés conmigo, ¡déjalo!, ¡abandónalo!,   ¡ven   conmigo!…   pronuncié   estas   palabras con una desesperación desgarradora ¾¡no!¾ respondió, ¾mi lugar es con él¾ ¿por qué?,  pregunté rápidamente, ¾porque las personas no están con quién deben estar, sino donde la vida ha decidido que estén¾ se levantó, me miró, limpió una lagrima de mi mejilla izquierda y dijo ¾adiós para siempre A.    

viernes, 28 de octubre de 2016

Vocabulario en Contexto

Pécora: Del lat. pecŏra, pl. de pecus 'ganado'.


1. f. Res o cabeza de ganado lanar.
2. f. mala pécora.

1. f.coloq. Persona astutataimada y viciosay más comúnmente siendo mujer.
2. f. coloq. prostituta.

Vocabulario en Contexto 


No sé si fue una broma o si tuve la mala suerte de tropezarme con una mala pécora loca de remate... Ya no me acuerdo de ella, ni siquiera recuerdo su rostro. (El fin del Homo Sovieticus, fragmento de El Encanto del vacío, pág. 607.)

El Fin del Homo Sovieticus

El Fin del Homo Sovieticus


En algunos rincones del mundo aún ondea la bandera roja con la hoz y el martillo como insignia. La Unión Soviética se desintegró pero todavía su legado, historia y tragedia recorren los ríos de la memoria humana. Las memorias sobre la ex Unión Soviética que hoy en día sobreviven están más ligas a los grandes logros alcanzados por este colectivo de repúblicas que a los detalles de la vida siendo soviético. Svetlana Aleksiévich registra con imparcial maestría estos detalles de la vida soviética (antes y después de la Unión Soviética) en su libro El fin del Homo Sovieticus.

Svetlana Aleksiévich, de padre bieloruso, nació en Ucrania en 1948. Su acercamiento con la literatura comienza muy temprano escribiendo poesía y artículos para un diario escolar. Más tarde, Svetlana estudiaría periodismo en la Universidad de Minsk; y trabajará como profesora de escuela, siguiendo la tradición familiar. Ella ha recibido numerosos premios, incluyendo el Premio Nobel de literatura de 2015, premio de la paz de los libreros alemanes, premio al libro del año por la revista de literature Lire por su libro Tiempo de segunda mano en 2013, entre otras distinciones.

El fin del homo sovieticus, publicado en español por primera vez en 2015, cuenta las historias de gente común: estudiantes, campesinos, maestros, oficiales, etc. viviendo la era soviética y post-soviética. Aleksiévich reune un conjunto de relatos realmente impactantes cargados de nostalgia por un país que ya no existe y de frustraciones por lo difícil que se tornará la vida en la nueva Rusia. En una de sus entrevista la escritora dijo: “Yo he estado buscando un método literario que permitiera la mayor aproximación posible a la vida real. La realidad siempre me ha atraído como un imán, me ha torturado e hipnotizado, yo quiero capturar ésto en papel”.

Fiel a su método, su estilo literario es único y elegante. Svetlana contruye aquí un coro de voces (anónimas en la mayoría de casos) retratando en el papel lo terrible de cada una de sus historias. Y es que si algo une a estos relatos inconexos es el sufrimento, la pena y la desdicha de quienes vivieron estos hechos: abandonos, torturas, persecusiones políticas, xenofobia, violaciones, el Gulag y todo tipo de arbitrariedades. Cuando se lee este libro se puede concluir fácilmente que el hombre es malo por naturaleza.

Una siempre quiere conservar la vida y eso vale todavía más en tiempos de guerra. Se aprende mucho en la guerra… Aprendes que no hay peor bestia que un ser humano. Son los hombre y no las balas quienes mata a otros hombres. (fragmento del relato De Hermanos y Hermanas de verdugos y víctimas, pág. 113)     


En un primer plano, El fin del homo sovieticus, podría parecer representar específicamente al pueblo soviético, pero con un aproximación más cuidadosa nos vemos ante una radiografía de la naturaleza humana. Como el ser humano muestra su naturaleza destructiva a una escala más pequeña y por lo tanto más vil. Si bien se responsabiliza a Stalin por la muerte de millones, él no estuvo frente a frente tirando del gatillo o sosteniendo el garrote que golpeaba; éste trabajo lo llevó acabo el vecino de alguien, el profesor de alguien, el soviético de a pie.

El choque de generaciones es otro tema tratado en varios de los relatos que componen el libro. Mientras la generación pasada, la que creció con Stalin, siente nostalgia por el socialismo y sueñan con el romanticismo de la guerra patria; la nueva generación, la de la Perestroika, ya no le interesa Stalin, el Capital o los clásicos de la litaratura rusa. Para la generación de la Perestroika ésto suena lejano y ajeno a sus vidas en la nueva y moderna Moscú.  

Como mi abuelo, que se tiró toda la vida contando cómo habían zurrado a los alemanes en Stalingrado. Con la desaparición del imperio papá perdió el interés y las ganas de vivir los hombres de su generación se sienten decepcionados… Tienen la sensación de haber sufrido una doble derrota. Por una parte, asistieron al hundimiento del ideario comunista y, por la otra, han sido testigos del nacimiento de un Sistema que ni comprenden ni aceptan. (fragmento del relato El encanto del vacío, pág. 455-456)  

             
El fin del homo sovieticus es una obra compleja y fascinante que bien podría estar a la altura de obras inmortales y trascendentales como Archipiélago Gulag de Aleksandr Solzhenitsyn; una obra cargada de nostalgia, amor, amargura y un sin fin de sentimientos encontrados. También el libro plantea dilemas muy complejos para el corazón humano, tales como: convivir con quien fue tu verdugo o rendirte a la venganza; olvidar el pasado y seguir viviendo o mantener viva la memoria de los horrores.

Libros de este estilo podrían ser un interesante ejercicio de reflexión para las nuevas generaciones de jóvenes descontentos, que alrededor del mundo, siguen creyendo en la promesa del comunismo.  




“Al estar cerca de las más bajas emociones, al exponerte a la violencia, muerte, instinto y deseo, puedes rozar la auténtica naturaleza humana.”  

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martes, 4 de octubre de 2016

Yo soy de números, no de letras

Yo soy de números, No de letras


            “Soy de números, no de letras” es la sentencia usada por un sin fin de personas afines a las matemáticas para justificar que las letras y los números recorren senderos distintos sino opuestos. No nos tomaría mucho tiempo aceptar que la literatura y las matemáticas son campos académicos disjuntos: poesía, novela, metáforas y rimas por un lado; mientras, ecuaciones, silogismos y teoremas por el otro. Incluso, podriamos argumentar que la grafía es diferente. Sin embargo, lo anterior no puede estar más alejado de la realidad. Existen muchos puntos comunes entre la literatura y las matemáticas, algunos evidentes y otros que necesitan un análisis más profundo.

            En primer lugar tenemos los así llamados guiños matemáticos en la literatura. La novela contemporánea ha tomado del mundo de las ciencias en general y de las matemáticas en particular un conjunto de tópicos e ideas para enriquecer y adornar la ficción. Un ejemplo muy ilustrativo de esto es la novela de 2003 El código Da Vinci, del escritor norteamericano Dan Brown. En esta novela el autor toma prestada de las matemáticas la sucesión de Fibonacci, los anagramas y el concepto de encriptación; usándolos como pivotes para desarrollar la trama. Estas ideas al ser usadas como recurso literarios envuelven la obra en un velo de sofisticación y misterio que no deja indiferente a nadie.
 
 … Mientras cargaba el proyector con las diapositivas, explicó que el número Phi se derivaba de la Secuencia de Fibonacci, una progresión famosa no sólo porque la suma de los números precedentes equivalía al siguiente, sino porque los cocientes de los números precedentes poseían la sorprendente propiedad de tender a 1,618, es decir, al número Phi. (El Código Da Vinci. Fragmento)

          El Código Da Vinci no es un caso aislado ni es el primero en el que se usan estos recursos. Podemos rastrear guiños y hasta ideas profundamente matemáticas en la obra del maestro del relato de ficción Jorge Luis Borges (1899, Argentina—1986, Suiza). Borges fue el precursor del relato fantástico en la literatura latinoamericana; y sin duda alguna, Borges nutrió su obra de ideas, conceptos y hasta estructuras tomados de la ciencia de Euclides. Una de las ideas recurrentes en la obra de Borges es el concepto del infinito. Él dedicó muchos cuentos a desarrollar esta idea; con gran maestría Borges creó metáforas fantásticas para explicar el infinito, un concepto tan abstracto y difícil de asimilar incluso para matemáticos profesionales. En esta dirección destacan tres verdaderas piezas de orfebrería con palabras, a saber, El libro de Arena, La Biblioteca de Babel y El Aleph; tres cuentos fuertemente influenciados por las matemáticas. El infinito e ideas geométricas salpican toda la obra. En el cuento El Libro de Arena, Borges trata de acercar al profano la idea que en el intervalo de números reales (0,1) hay tantos números como números sobre toda la recta de número reales, una idea aterradora llegaría a decir.



…No puede ser, pero es. El número de páginas de este libro es exactamente infinito. Ninguna es la primera; ninguna, la última. No sé por qué están numeradas de ese modo arbitrario. Acaso para dar a entender que los términos de una serie infinita admiten cualquier número. (El Libro de Arena. Fragmento)


En segudo lugar, las ideas matemáticas aplicadas en el contexto de la narración. Este escenario casi siempre está compuesto por un personaje dotado de una inteligencia superior al promedio y capaz de pensar fría y calculadoramente. Entre los recursos matemáticos utilizados en este tipo de narración cuentan los razonamientos lógicos de todo tipo (eliminación, contradicción, etc.), la combinatoria y el celebre teorema de Bayes todas herramientas para tomar decisiones y hacer inferencias. La literatura de detectives está plagada de este tipo de recursos, siendo Sir. Arthur Conan Doyle (1859 – 1930) con su Sherlock Holmes el primer y principal exponente del razonamiento lógico en la narración. Otro escritor, en este caso con formación matemática, a la altura o superior a Doyle, es Lewis Carroll (1832 – 1898) con sus bien conocidas narraciones de Alicia en en País de las Maravillas y Alicia Através del Espejo. Carroll hace un enorme despliegue de recursos lógicos en estas narraciones: acertijos, paradojas, silogismos lógicos y contradicciones. Además, el autor crea un mundo de ficción donde las leyes físicas parecen invalidarse y dan paso a un conjunto nuevo de leyes físicas igualmente coherentes.  En el capítulo VIII, El Croquet de la Reina, Carroll nos regala este precioso y lógicamente elaborado pasaje.

La teoría del Verdugo era que resultaba imposible cortar la cabeza si no había un cuerpo del que cortarla; decía que nunca había tenido que hacer una cosa parecida en el pasado.  La teoría del Rey era que todo lo que tenía una cabeza podía ser decapitado, y que se dejara de decir tonteías.

Otro ejemplo que merece la pena mencionar nos llega de El Cuento de la Isla Desconocida del premio nobel de literatura José Saramago (1922 – 2010).  Saramago hace uso aquí del reduccionismo lógico para enriquecer el diálogo.


Y tú para qué quieres un barco, si puede saberse, fue lo que el rey preguntó, Para buscar la isla desconocida, respondió el hombre. Qué isla desconocida, preguntó el rey, La isla desconocida, repitió el hombre, Hombre, ya no hay islas desconocidas, Quién te ha dicho, rey, que ya no hay islas desconocidas, Están todas en los mapas, En los mapas están sólo las islas conocidas, Y qué isla desconocida es esa que tú buscas, Si te lo pudiese decir, entonces no sería desconocida, A quién has oído hablar de ella, preguntó el rey, ahora más serio, A nadie, En ese caso, por qué te empeñas en decir que ella existe, Simplemente porque es imposible que no exista una isla desconocida, Y has venido aquí para pedirme un barco, Sí, vine aquí para pedirte un barco, Y tú quién eres para que yo te lo dé, Y tú quién eres para no dármelo.


Por otro lado, si nos distanciamos de la acepción que la palabra simetría tiene en la literatura  y nos quedamos con el concepto matemático de simetría, entonces podemos hablar de simetría matemática en la literatura. Principalmente la poesía (la buena poesía) está llena de matices simétricos. La belleza es díficil de explicar, pero todos aceptamos como bello algo simétrico. Nuestro sentidos reconocen los patrones simétricos en el mundo que nos rodea y nuestro cerebro lo troduce como belleza. Como resultado de aplicar simetría a una estrofa se consiguen propiedades subyacentes como: rima, ritmo, cadencia y musicalidad en los versos. No es casualidad que los poemas más hermosos de Rubén Darío sean alejandrinos con dos hemistiquios de siete sílabas a cada lado; con esa estructura Darío logra un alto grado de simetría en sus versos, por tanto, belleza con palabras.

Cada hoja de cada árbol canta un propio cantar
y hay un alma en cada una de las gotas del mar. (Rubén Darío)


Así, la literatura y las matemáticas convergen en más de una forma. El reconocimiento de esta relación es importante, ya que podemos usar la literatura como dispositivo didáctico para acercar el álgebra y la geometría a los estudiantes menos entusiastas. Además, las nuevas generaciones de escritores pueden encontrar una fuente nueva e inagotable de inspiración en el arte de los números. Finalmente, quisiera recomendar la lectura de la novela El Tío Petros y la conjetura de Goldbach de Apostolos Doxiadis, que considero podrá ser mejor y más claro ejemplo de matemáticas y literatura que cualquiera de mis palabras antes escritas.  

martes, 23 de agosto de 2016

Novela de Ajedrez

Novela de Ajedrez
(Stefan Zweig)


Novela de Ajedrez (en alemán Die Schachnovelle) es un relato corto escrito por el literato austriaco Stefan Zweig y publicado en 1941. Zweig fue mienbro de una respetable familia austriaca de la época. Hitler lo preseguirá por ser de ascendencia judía; los nazis quemarán y prohibirán los libros de Zweig en el nuevo imperio alemán. Stefan Zweig fue un intelectual bastante completo su obra abarca: poesía, novela, relato, ensayos, obras de teatro y óperas.

El argumento de la novela gira entorno al misterioso Dr. B quien va a bordo de un barco que se dirige de New York a Buenos Aires. Además del Dr. B, en el barco también está Mirko Czentovicz un hombre incapaz de llevar a término la más simple tarea pero invencible en el juego de ajedrez, por lo tanto, ostentador del título mundial en el juego de reyes. Czentovicz quien sólo juega por dinero acepta jugar unas partidas amistosas con los pasajeros del barco ganando sin ninguna dificultad hasta que el Dr. B interviene.

El Dr. B, al igual que Zweig, es perseguido por los nazis y hecho preso. Confinado en una vacía habitación de hotel el Dr. B pasa un año entero sin contacto humano de ningún tipo y sometido regularmente a los interogatorios de la Gestapo, soledad usada como tortura psicológica. Después de cuatro meses en absoluto aislamiento, el Dr. B logra conseguir un libro, emocionado al principio y decepcionado más tarde, éste resulta ser un listado de quince jugadas de ajedrez de grades maestros. Sin nada más que hacer el Dr. B estudia el libro hasta el punto de la obsesión psicológica y la pasion febril. Jugando miles de partidas mentales, reteniendo todas las posiciones en su memoria y desdoblando su consciencia en el jugador de las blancas y el jugador de las negras, el Dr. B logra sobrevivir a la locura del encierro y a la brutalidad de sus verdugos.

“Nada se nos hizo, solo que se nos situó dentro de la nada absoluta, porque, según es notorio, ninguna cosa del mundo ejerce tanta presión sobre el alma humana como la nada.”

Aunque en el título reza “novela” quizás sea más preciso llamarlo relato o novela corta. Novela de Ajedrez tiene una extension bastante reducida, sencillez de vocabulario y un escueto rango de personajes. Teniendo presente las características antes mecionadas podemos concluir que es un relato de fácil lectura, no obstante arrastra al lector a profundas y complejas reflexiones filosóficas; ésto recuerda a Nietzsche “…quiero decir mucho con pocas palabras.” Por otro lado, Zweig realiza una proeza técnica destacable en esta obra, a saber, el juego de narradores. Zweig salta de un narrador a otro de una manera elegante; algunos pasajes son contados en primera persona y otros desde un segundo plano. Sin duda alguna un recurso estilístico muy refinado. Novela de Ajedrez roza también la categoria de novela psicológica; muy al estilo de Dostoevsky, el autor retrata el sufrimiento y el terror del aislamiento para más adelante profundizar en la obsesividad del Dr. B.
  


El tablero de ajedrez quizás sea la mejor metáfora para un mundo convulso e incierto. Novela de Ajedrez tiene muchos tintes autobiográficos y lecturas entre líneas; el autor al igual que el Dr. B vivió la persecución nazi, el exilio y la soledad; una soledad no tanto física (en el sentido de ausencia de objetos) pero si una soledad espiritual, una soledad del alma y una nostalgia por el mundo que desaparece. Esta soledad eventualmente lo llevaría al suicidio. 

    

viernes, 10 de junio de 2016

Crónicas del Pájaro que da Cuerda al Mundo

Crónicas del pájaro que da Cuerda al Mundo

Crónicas del pájaro que da cuerda al mundo es un libro del escritror japonés Haruki Murakami, este fue publicado en Japón en 1994. 

Crónicas del pájaro que da cuerda al mundo narra la vida de Tooru Okada. Okada, después de dejar su trabajo lleva una vida bastante aburrida al lado de su esposa Kumiko Okada, pero todo está por cambiar prácticamente de la noche a la mañana.

Murakami nos relata una sucesión de hechos que empiezan con la pérdida del gato de la pareja Okada hasta conducirnos a un plano en el que no podremos distinguir que es real y qué no es. Murakami juega con las realidades de una manera muy sutil. El autor conecta hechos del pasado con eventos del presente; además, distorsiona el presente con las acciones que tiene lugar en el plano onírico.

El libro puede considerarse una novela larga, alrededor de 900 páginas, dividida en tres partes y con una estructura capitular. En general es un libro de lectura fácil en cuanto a vocabulario y a prosa se trata; sin embargo, en sus capas más profundas puede ser un verdadero reto. Probablemente el personaje Tooru Okada sea el que es mejor descrito y caracterizado en la obra (quizá por ser el princial), pero a lo largo de la trama nos encontramos con personajes verdaderamente interesantes, enigmáticos e incluso personajes oscuros tal como Noburo Wataya o May Kasahara. Para entender la psicología de estos personajes es necesario un ejercicio de reflexión monumental.

El autor da muestra de una originalidad y creatividad exquisita introduciendo a extraños personajes o ideas cuando menos bizarras; por ejemplo, el personaje Creta Kanoo es una prostituta de la mente y el detective Ushikawa es como un persoaje kafkiano, realmente oscuro.


Por otro lado, Murakami nos cuenta al menos tres historias paralelas que en un principio parecen inconexas, pero adquieren un sentido de unidad mientras se avanza en la lectura. Finalmente, los hechos del pasado y el presente están enmarcados en el contexto histórico de la segunda Guerra Mundial, principalmente los hechos ocurrido en Manchuria. Al poner todos los elementos anteriores en una única unidad literaria se consigue una historia genial y con un alto grado de complejidad.


Otro aspecto remarcable de la novela es su alto contenido filosófico y reflexivo: monólogos interiores, reflexiones existenciales y muchas contemplaciones sobre el arte de vivir y morir. Los personajes llegan en algunos casos a discutir con cierta seriedad filosófica el significado de vivir y como acciones pequeñas pueden tener repercusiones de dimensiones cósmicas.

Las referencias en la novela son muchas: la música, la literatura, la historia, etc. Muy al estilo Murakami, se incluyen pasajes sexuales y descripciones de comidas japonesas.

Un elemento notable (y negativo quizás) de esta novela es la presencia de grandes periodos de calma, prácticamente pueden leerse cincuenta (o más) páginas donde no pasa nada, lo cual puede provocar aburrimiento en el lector; sin embargo, la fluidez de la escritura y por tanto de la lectura, ayuda a pasar estos baches sin abandonar el libro.


Crónicas del pájaro que da cuerda al mundo es una verdadera pieza de orfebrería literaria, pero debería leerse con calma, paladearla, reflexionar sobre los personajes y sus acciones para desenredar el ovillo.  Al finalizar la lectura nos deja un sabor extraño de boca: incomprensión, incompletitud, extrañeza, confusión, etc. Así, nos invita a más, una segunda lectura es casi obligatoria.