El Fin del Homo
Sovieticus
En algunos rincones del mundo
aún ondea la bandera roja con la hoz y el martillo como insignia. La Unión Soviética
se desintegró pero todavía su legado, historia y tragedia recorren los ríos de
la memoria humana. Las memorias sobre la ex Unión Soviética que hoy en día
sobreviven están más ligas a los grandes logros alcanzados por este colectivo
de repúblicas que a los detalles de la vida siendo soviético. Svetlana Aleksiévich
registra con imparcial maestría estos detalles de la vida soviética (antes y
después de la Unión Soviética) en su libro El fin del Homo Sovieticus.
Svetlana Aleksiévich, de padre
bieloruso, nació en Ucrania en 1948. Su acercamiento con la literatura comienza
muy temprano escribiendo poesía y artículos para un diario escolar. Más tarde, Svetlana
estudiaría periodismo en la Universidad de Minsk; y trabajará como profesora de
escuela, siguiendo la tradición familiar. Ella ha recibido numerosos premios,
incluyendo el Premio Nobel de literatura de 2015, premio de la paz de los
libreros alemanes, premio al libro del año por la revista de literature Lire por su libro Tiempo de segunda mano
en 2013, entre otras distinciones.
El fin del homo sovieticus,
publicado en español por primera vez en 2015, cuenta las historias de gente
común: estudiantes, campesinos, maestros, oficiales, etc. viviendo la era
soviética y post-soviética. Aleksiévich reune un conjunto de relatos realmente
impactantes cargados de nostalgia por un país que ya no existe y de frustraciones
por lo difícil que se tornará la vida en la nueva Rusia. En una de sus
entrevista la escritora dijo: “Yo he estado buscando un método literario que
permitiera la mayor aproximación posible a la vida real. La realidad siempre me
ha atraído como un imán, me ha torturado e hipnotizado, yo quiero capturar ésto
en papel”.
Fiel a su método, su estilo
literario es único y elegante. Svetlana contruye aquí un coro de voces (anónimas
en la mayoría de casos) retratando en el papel lo terrible de cada una de sus
historias. Y es que si algo une a estos relatos inconexos es el sufrimento, la
pena y la desdicha de quienes vivieron estos hechos: abandonos, torturas,
persecusiones políticas, xenofobia, violaciones, el Gulag y todo tipo de
arbitrariedades. Cuando se lee este libro se puede concluir fácilmente que el
hombre es malo por naturaleza.
Una siempre quiere conservar la vida y eso
vale todavía más en tiempos de guerra. Se aprende mucho en la guerra… Aprendes
que no hay peor bestia que un ser humano. Son los hombre y no las balas quienes
mata a otros hombres. (fragmento del relato De Hermanos
y Hermanas de verdugos y víctimas, pág. 113)
En un primer plano, El fin del
homo sovieticus, podría parecer representar específicamente al pueblo soviético,
pero con un aproximación más cuidadosa nos vemos ante una radiografía de la
naturaleza humana. Como el ser humano muestra su naturaleza destructiva a una
escala más pequeña y por lo tanto más vil. Si bien se responsabiliza a Stalin
por la muerte de millones, él no estuvo frente a frente tirando del gatillo o
sosteniendo el garrote que golpeaba; éste trabajo lo llevó acabo el vecino de
alguien, el profesor de alguien, el soviético de a pie.
El choque de generaciones es
otro tema tratado en varios de los relatos que componen el libro. Mientras la
generación pasada, la que creció con Stalin, siente nostalgia por el socialismo
y sueñan con el romanticismo de la guerra patria; la nueva generación, la de la
Perestroika, ya no le interesa Stalin, el Capital o los clásicos de la
litaratura rusa. Para la generación de la Perestroika ésto suena lejano y ajeno
a sus vidas en la nueva y moderna Moscú.
Como mi abuelo, que se tiró toda la vida
contando cómo habían zurrado a los alemanes en Stalingrado. Con la desaparición
del imperio papá perdió el interés y las ganas de vivir los hombres de su
generación se sienten decepcionados… Tienen la sensación de haber sufrido una
doble derrota. Por una parte, asistieron al hundimiento del ideario comunista
y, por la otra, han sido testigos del nacimiento de un Sistema que ni
comprenden ni aceptan. (fragmento del relato El encanto del vacío, pág. 455-456)
El fin del homo sovieticus es
una obra compleja y fascinante que bien podría estar a la altura de obras inmortales
y trascendentales como Archipiélago Gulag de Aleksandr Solzhenitsyn; una obra
cargada de nostalgia, amor, amargura y un sin fin de sentimientos encontrados.
También el libro plantea dilemas muy complejos para el corazón humano, tales
como: convivir con quien fue tu verdugo o rendirte a la venganza; olvidar el
pasado y seguir viviendo o mantener viva la memoria de los horrores.
Libros de este estilo podrían
ser un interesante ejercicio de reflexión para las nuevas generaciones de jóvenes
descontentos, que alrededor del mundo, siguen creyendo en la promesa del
comunismo.
“Al estar cerca de
las más bajas emociones, al exponerte a la violencia, muerte, instinto y deseo,
puedes rozar la auténtica naturaleza humana.”
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