viernes, 28 de octubre de 2016

El Fin del Homo Sovieticus

El Fin del Homo Sovieticus


En algunos rincones del mundo aún ondea la bandera roja con la hoz y el martillo como insignia. La Unión Soviética se desintegró pero todavía su legado, historia y tragedia recorren los ríos de la memoria humana. Las memorias sobre la ex Unión Soviética que hoy en día sobreviven están más ligas a los grandes logros alcanzados por este colectivo de repúblicas que a los detalles de la vida siendo soviético. Svetlana Aleksiévich registra con imparcial maestría estos detalles de la vida soviética (antes y después de la Unión Soviética) en su libro El fin del Homo Sovieticus.

Svetlana Aleksiévich, de padre bieloruso, nació en Ucrania en 1948. Su acercamiento con la literatura comienza muy temprano escribiendo poesía y artículos para un diario escolar. Más tarde, Svetlana estudiaría periodismo en la Universidad de Minsk; y trabajará como profesora de escuela, siguiendo la tradición familiar. Ella ha recibido numerosos premios, incluyendo el Premio Nobel de literatura de 2015, premio de la paz de los libreros alemanes, premio al libro del año por la revista de literature Lire por su libro Tiempo de segunda mano en 2013, entre otras distinciones.

El fin del homo sovieticus, publicado en español por primera vez en 2015, cuenta las historias de gente común: estudiantes, campesinos, maestros, oficiales, etc. viviendo la era soviética y post-soviética. Aleksiévich reune un conjunto de relatos realmente impactantes cargados de nostalgia por un país que ya no existe y de frustraciones por lo difícil que se tornará la vida en la nueva Rusia. En una de sus entrevista la escritora dijo: “Yo he estado buscando un método literario que permitiera la mayor aproximación posible a la vida real. La realidad siempre me ha atraído como un imán, me ha torturado e hipnotizado, yo quiero capturar ésto en papel”.

Fiel a su método, su estilo literario es único y elegante. Svetlana contruye aquí un coro de voces (anónimas en la mayoría de casos) retratando en el papel lo terrible de cada una de sus historias. Y es que si algo une a estos relatos inconexos es el sufrimento, la pena y la desdicha de quienes vivieron estos hechos: abandonos, torturas, persecusiones políticas, xenofobia, violaciones, el Gulag y todo tipo de arbitrariedades. Cuando se lee este libro se puede concluir fácilmente que el hombre es malo por naturaleza.

Una siempre quiere conservar la vida y eso vale todavía más en tiempos de guerra. Se aprende mucho en la guerra… Aprendes que no hay peor bestia que un ser humano. Son los hombre y no las balas quienes mata a otros hombres. (fragmento del relato De Hermanos y Hermanas de verdugos y víctimas, pág. 113)     


En un primer plano, El fin del homo sovieticus, podría parecer representar específicamente al pueblo soviético, pero con un aproximación más cuidadosa nos vemos ante una radiografía de la naturaleza humana. Como el ser humano muestra su naturaleza destructiva a una escala más pequeña y por lo tanto más vil. Si bien se responsabiliza a Stalin por la muerte de millones, él no estuvo frente a frente tirando del gatillo o sosteniendo el garrote que golpeaba; éste trabajo lo llevó acabo el vecino de alguien, el profesor de alguien, el soviético de a pie.

El choque de generaciones es otro tema tratado en varios de los relatos que componen el libro. Mientras la generación pasada, la que creció con Stalin, siente nostalgia por el socialismo y sueñan con el romanticismo de la guerra patria; la nueva generación, la de la Perestroika, ya no le interesa Stalin, el Capital o los clásicos de la litaratura rusa. Para la generación de la Perestroika ésto suena lejano y ajeno a sus vidas en la nueva y moderna Moscú.  

Como mi abuelo, que se tiró toda la vida contando cómo habían zurrado a los alemanes en Stalingrado. Con la desaparición del imperio papá perdió el interés y las ganas de vivir los hombres de su generación se sienten decepcionados… Tienen la sensación de haber sufrido una doble derrota. Por una parte, asistieron al hundimiento del ideario comunista y, por la otra, han sido testigos del nacimiento de un Sistema que ni comprenden ni aceptan. (fragmento del relato El encanto del vacío, pág. 455-456)  

             
El fin del homo sovieticus es una obra compleja y fascinante que bien podría estar a la altura de obras inmortales y trascendentales como Archipiélago Gulag de Aleksandr Solzhenitsyn; una obra cargada de nostalgia, amor, amargura y un sin fin de sentimientos encontrados. También el libro plantea dilemas muy complejos para el corazón humano, tales como: convivir con quien fue tu verdugo o rendirte a la venganza; olvidar el pasado y seguir viviendo o mantener viva la memoria de los horrores.

Libros de este estilo podrían ser un interesante ejercicio de reflexión para las nuevas generaciones de jóvenes descontentos, que alrededor del mundo, siguen creyendo en la promesa del comunismo.  




“Al estar cerca de las más bajas emociones, al exponerte a la violencia, muerte, instinto y deseo, puedes rozar la auténtica naturaleza humana.”  

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