lunes, 11 de noviembre de 2013


Best Seller




Desde principios del siglo XX, la mayoría de los bienes y servicios fueron progresivamente masificándose y haciéndose accesibles para más y más personas en todo el mundo; pero el efecto no fue el mismo con las artes, las cuales paulatinamente fueron desplazadas para dar lugar a las nuevas tendencias de imágenes, sonidos y estilos del nuevo siglo,  todo girando sobre el mismo eje axial: las ventas. Lo que se vende más es lo que se produce más y lo que no se vende, se desusa. Bajo este axioma del consumismo presenciamos la partida inevitable de grandes productos e ideas, y otros, para evitar la extinción, simplemente adoptaron la nueva cara del modernismo cultural, aunque eso signifique perder los principios de calidad y originalidad.
La nueva pseudo-cultura alcanzó también a la literatura, con la puesta en órbita del “Best Seller”, aunque este término no es estrictamente de uso para los libros, sino también para video juegos, películas, álbumes musicales, etc. Es lo referido a la literatura lo que trataremos aquí. El anglicismo Best Seller se usa para denominar aquel libro que ha alcanzado cierta cifra record como el más vendido en cierto intervalo de tiempo, nada más que superventas. Pero si eso fuera todo, no habría mayor problema.
Es bien sabido que con la aparición de la televisión, la computadora, los video juegos y demás dispositivos de entretenimiento, el hábito de la lectura casi desaparece de nuestra sociedad, así que la mano todopoderosa del marketing no podía dejar ir este mercado, por lo que se inventaron los libros y escritores Best Seller, que tienen la intención de hacerle creer al público que su lectura es una verdadera proeza intelectual y una gran operación de absorción de saberes, con sus thrillers e historias de héroes y vidas que se arreglan con golpes de suerte, construyendo una falsa cultura intelectual, y la mayoría con el trasfondo de convertir su libro en una trama cinematográfica.
Preguntémonos ¿Qué libro Best Seller me ha puesto a pensar? ¿Qué libro Best Seller ha hecho una contribución al lenguaje o a la literatura universal? La respuesta es simple: ninguno. Diametralmente opuesto tenemos a los grandes escritores universales: Dostoievski y sus célebres novelas psicológicas, ¿quién no ha sufrido la tensión al leer Crimen y Castigo, los cuentos fantásticos de Jorge Luís Borges, las novelas eróticas del Marqués de Sade, etc. ? Y ninguno hasta la fecha es un Best Seller; y como prueba fidedigna e irrefutable de que el precio no es sinónimo de calidad, el precio del Best Seller mundial “El Código da Vinci” (entre los 10 más vendidos de la historia) es suficiente para comprar cinco o seis libros del gran maestro Franz Kafka y devanar las neuronas por varios meses entendiendo y reflexionando sobre sus extrañas ideas y surrealistas personajes, en lugar de una rebuscada conspiración y viajes psicodélicos por Europa, como en el primero.
El escritor peruano y ganador del premio Nóbel de literatura, Mario Vargas Llosa, reflexiona sobre esta cuestión en su ensayo-crítica, La Civilización del Espectáculo, publicado este año. “La literatura light tiene el efecto de ser consumida por el público, con la única razón de divertir, sin el más mínimo esfuerzo intelectual, y hacer creer a quien lee, que lo que lee es verdadera literatura”.  Según Vargas Llosa, una de las causas de que la sociedad actual se incline por este tipo de libros es por una especie de actitud hedonista hacia la vida y el poco compromiso cívico y moral del escritor moderno, quien ha renunciado a su convicción sociocultural de transformar y alimentar las mentes con ideas y palabras que sirvan para entender nuestro mundo, reflexionar sobre las grandes preguntas de la humanidad e incentivar la curiosidad y el espíritu de las nuevas generaciones.
Dado el gran éxito comercial que representa el título Best Seller en la portada de un libro, (sólo comparable, posiblemente, con el que se le otorga un Premio Nóbel) la estratagema es poner a la venta el libro con el título ya impreso desde el debut, violando así el principio universal de causa y efecto; en este caso, primero es el título y después el número de ventas, como ocurrió con el  libro El Aleph, del escritor brasileño Paulo Coelho (mal escritor, desde mi opinión muy personal).
Supongo que muchos se estarán preguntando ¿cuáles son los buenos libros? o ¿cuáles son los buenos escritores?, porque tampoco el hecho de ser un clásico significa que es bueno. Estas preguntas son difíciles de contestar, pero mi respuesta es: Todo aquel libro que te ponga a pensar. Si un escritor es incapaz de atrapar a un lector en una profunda reflexión sobre alguna cosa, es mejor que busque otro empleo. Tal como lo supo hacer en su momento Nietzsche, el reciente desaparecido premio Nóbel José Saramago, o el escritor moderno de origen japonés Haruki Murakami, cada uno con una imaginación y estilo exquisito para ahondar en la psiquis humana.
Sin querer caer en el pesimismo, el futuro para la literatura no parece nada prometedor, y no sólo por la calidad de las ideas; además existe otra tendencia que atenta con la cultura del buen leer: el e-book, o libro electrónico, que a mi parecer desvirtúa el arte y placer de la lectura en papel, siendo en su mayoría el formato para los nuevos escritores. Pero mientras aún existan las obras que dieron forma a la civilización, que impulsaron revoluciones, que inspiraron amores, y que encendieron la inventiva, habrá la posibilidad que algún joven o niño descubra una vez más el placer de dar rienda suelta a su imaginación a través de las más inverosímiles historias y los más extraños personajes del mundo literario, que ni el cine con su parafernalia de efectos, puede dar vida.

 “Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído.”
Jorge Luís Borges


Matagalpa 13 de agosto de 2013.

viernes, 17 de mayo de 2013


La Juventud-Luciérnaga

“La televisión es el opio del pueblo”

Ernesto Sábato

La humanidad, desde su aparición en la tierra, ha vivido muchas eras según el desarrollo histórico-social en el que se encuentre: la era del bronce, la era medieval, la ilustración, el renacimiento, la revolución industrial y en la actualidad la era de la información y la tecnología, el tecnocentrismo, con su más diabólico instrumento, la pantalla.
El ser humano es capaz de moldear su entorno natural, crear condiciones para su propio bienestar y supervivencia, llevar energía a sus hogares, domesticar animales y demás, utilizando para éste fin la ciencia y la tecnología, pero ¿pueden las cosas revertirse en contra del gran creador?  ¿Es el ocio y el placer moderno el fin del potencial creativo de la humanidad?

Todas las esperanzas de una nación siempre están puestas en la juventud, el futuro es de los jóvenes, los jóvenes continuarán la causa, las generaciones venideras tienen el reto, etc. Son algunos de los slogan (plegarias) de quienes han dado una pequeña (o gran) contribución a la humanidad, pero ¿estamos viendo lo que la juventud está haciendo hoy para prepararse para el mañana? Ocho o diez horas de televisión al día, horas frente a la pantalla de una computadora, juegos de video, chat por teléfonos celulares y a lo sumo un libro en dos o tres años y por cumplir con las obligaciones escolares ¿Tiene la juventud contemporánea alguna clase de dependencia por las pantallas? Es casi demencial y a la vez deprimente ver como se pierden talentos, se destruyen personalidades, se distorsiona la identidad y se entorpece la creatividad de estos seres que parecen mosquitos atraídos por la luz de las pantallas.

Un bachiller de nuestras escuelas está prácticamente imposibilitado para redactar, por falta de coherencia en sus ideas, múltiples errores ortográficos y un vocabulario condenado a la redundancia, legado de sus eternas horas de chat y uso de correctores ortográficos de los procesadores de textos informáticos, falto de creatividad e imaginación, porque ha sido aletargado y enceguecido por el espectáculo televisivo, ¿para qué leer el libro si van a hacer la película? ¿Para qué estudiar, si puedo ver un documental? ¿Para qué caminar y hacer ejercicio, si puedo entrenar con un video? ¿Para qué escribir, si puedo cortar y pegar? ¡Que ridículo! Hasta suena obsceno, es como si la televisión y la computadora tuvieran la respuesta para todas las necesidades humanas.

¿Es culpa del capitalismo?, que nos volvió consumistas, ¿Es culpa del sistema social? por falta de empleo, ¿Es culpa de la educación? Por no ser más vehemente con nuestros hábitos de lectura, podríamos encontrar tantos culpables como quisiéramos, sin embargo el único culpable es el propio ser humano, quien nunca ha advertido las consecuencias de sus propios actos.

Hay momentos en los que deseo leer un poco, y sólo es posible pasadas las diez de la noche cuando toda la alegórica maquinaria del espectáculo ha descendido a niveles tolerables, por momentos busco escape en un café, ¡y que decepción!, ya no quedan cafés, son solo una mezcla extraña de discoteca y plaza de mercado llenos de: luces, ruido, música y la infaltable televisión que se alzan regia en una pared a lo alto, exhibiendo todo su esplendor lista para para encadenar con su encantos a todo aquel que escuche sus cantos de sirena, sólo falta que pongan una gran pantalla plana en el interior de una catedral.

Dirán algunos detractores, son tiempos modernos y hay que acostumbrarse, o son los avances de la sociedad cambiante, pero ¿por qué países como Japón? Puntero en el desarrollo de dispositivos de entretenimiento como: video juegos, computadoras, Tablet y exportador principal de manga y anime al mundo entero tiene una de las mejores educaciones del mundo y los índices más altos de lectura en sus infantes ¿por qué no están hipnotizados frente a una pantalla? Y en contraste los países latinoamericanos, (con los países más pobres del mundo) tiene los peores sistemas educativos, profesionales poco competitivos en el mercado internacional, desarrollo científico nulo, economías endebles, y un promedio de lectura en la población que no sobrepasa la media de dos o tres libros por años, pero con un hábito frente a la televisión olímpico, que va desde las telenovelas, películas, caricaturas, parodias hasta la platónica reflexión de los anuncios comerciales.    

Algo debemos hacer por estos jóvenes, es imperante, es obligación de todos. No podemos permitir que sigan sumergidos en los mares de ondas electromagnéticas de la televisión.

Matagalpa, 17 de marzo de 2013         

jueves, 31 de enero de 2013



El Reclamo
Desperté muy temprano y totalmente decidido a hacer mi reclamo, ¡no aguanto más! Dije para mí mismo, así que salí de mi casa y me dirigí al único lugar al que podía llevar mi queja. Después de unos treinta minutos de camino a pie, estaba frente a una edificio con un letrero que rezaba “Oficina de reclamos, quejas, sugerencias y otros comentarios a la administración” (pensé en que deberían acortar ese nombre, o al menos usar siglas, cansa leerlo).

Entré, en la recepción una jovencita de unos 18 años me dio los buenos días, tome su número y espere su turno me dijo con una voz dulce y una actitud casi de ensayo pre-elaborado, seguí sus orientaciones, tomé un ticket de la máquina y era el número 23, llevará algunas horas de espera pero hoy me van a escuchar, repetía para mis adentros.  Me senté en una banca de madera, cojeaba de una pata (la silla), a medidas que alguien entraba sólo pasábamos de una banca a otra (sólo una cojeaba), llegué al fin a la última banca y estaba frente a la puerta color café donde se encontraba un agente que debería atender mi caso.

No tomé en cuenta en mis cálculos la ya acostumbrada burocracia y la falta de cortesía de los miembros del sistema (en esos momentos recordaba un artículo que trataba sobre los sistemas y algo decía sobre el sistema nervioso); entraba una persona y el agente salía a tomar un café y tardaba 15 minutos en regresar, entraba la siguiente y el salía al baño por otros 20 minutos (tiempo que se sumaba al tiempo de espera reglamentario).

Me abordó una señora que estaba a mi lado (era extremadamente gorda, podía sentir que me asfixiaba, me robaba el aire y el espacio físico, era un enorme bulto), que número tiene me preguntó, la pregunta me saco del entre sueño y de mi alegórica representación que de ella estaba haciendo, el 23 le respondí, entonces yo le sigo me dijo llevo el 25, pero parece el 24 se cansó de esperar y se marchó (dije en mi interior, espero no lo haya aplastado). Yo ya he venido unas cuatro veces sólo esta última he logrado un número tan bajo, usted cuanta veces a venido, está es  la primera respondí, mientras el número 20 cruzaba la puerta a la oficina de reclamos.  Cruzamos algunas palabras con la señora, cuando al fin fue mi turno número 23 se escuchaba de detrás de aquella puerta café.

Señor A, dijo el agente con una voz grave y firme, ¿en qué puedo ayudarle?, vengo a presentar una queja, dígame ¿cuál es su reclamo?, vengo a quejarme por la vida que me ha tocado vivir, vida que desde está oficina fue decidida arbitrariamente, me parece un atropello y un abuso de autoridad mandarme a vivir a un mundo donde la sociedad ha perdido el respeto por las criaturas vivas animales y vegetales, donde impera la corrupción y la falsedad por los intereses personales, donde es necesario un catalogo de títulos para conseguir un puesto de trabajo decente y no la habilidades intelectuales propias para el trabajo, donde la libre opinión es siempre censurada, estoy cansado de este sistema, ¡estoy cansado de pertenecer a él!.  El agente acomodo su corbata y aclaro un poco la voz y dijo, señor A, si su queja fuera por un error en sus 46 cromosomas, o por haber hilvanado mal su alma a su cuerpo, su queja sería considerada más sensata, no es que el sistema esté mal diseñado es simplemente que así es, es como en el ajedrez el tablero es un cuadrado con 64 casillas y las piezas no discuten por eso, simplemente se mueven.

Además no todo están malo, dígame ¿acaso la desesperación de algunas personas no lo hizo disfrutar de los mejores libros, la tristeza y el desamor de otros escuchar las mejores canciones, la falta de recurso y la crisis disfrutar del ingenio de otros? ¿Acaso no son ciertas mis palabras?
Quizás tenga razón en sus argumentos, Señor Agente, pero, ¿le parece sensato tomar el agua contaminada con los residuos de alguna planta industrial, o respirar el aire con humo de automóviles o conocer el espanto de la falta de educación en la fila de un hospital? Además, qué autoridad es esa que le confiere a usted y a toda esta oficina decidir sobre mí y mi vida, sobre si soy médico, profesor o un desquiciado mental, -esas son preguntas que no se les está permitido hacer, pues el sistema sólo decide y punto- dijo el Agente, ya muy serio.

¡Señor A!, inquirió el agente con algo de dureza, ¿Sabe por qué está aquí? Si respondí con mucha seguridad, por libre y espontanea voluntad y por el aumento de quejas que he almacenado, pues lamento decirle que no están así, usted está aquí porque ya murió, su vida ya llegó a su ocaso señor, -jajajajaja reí de forma insulsa, ahora me va a decir que usted es san Pedro- no, respondió secamente, no soy san Pedro y agente es suficiente para usted. 

Volviendo a nuestro asunto, quisiera recordarle una frase de uno de sus mejores representantes humanos “El hombre nace bueno y es la sociedad quien lo corrompe”, ¿sabe de quién es?- Jean-Jacques Rousseau- murmuré, ya he tomado mi decisión sobre su asunto.

La vida y el mundo es una gran máquina recicladora, usted como hombre de ciencia sabe lo eficiente que es la naturaleza reciclando, la vida también es excelente reciclando a la humanidad, en ella hay muchos elementos que sirven como procesadores del alma y de la conciencia, el mejor de ellos es la educación, pero hay otros muy buenos, como las artes y las ciencias, además de los buenos ejemplos; la humanidad necesita humanizarse alguien dijo antes que los valores ya no valen, eso se vuelve evidente desde que un niño mata a pedradas a una inocente rana en invierno o un sujeto que se inmola y arrastra consigo a otros 25 que nada de culpa tenían.

Mi decisión es la siguiente: Usted aún no ha aprendido a vivir, por esa razón volverá a intentarlo, volverá al mundo humano hasta que su alma y su mente entienda cual es el significado de la vida, ¡no!, grité con mucha vehemencia, me opongo, me rehúso, rechazo esa medida, no quiero pertenecer más… de súbito desperté en mi cama todo había sido un sueño, aún seguía vivo, un gallo cantaba anunciando un nuevo día de trabajo para mí.

Camino por una de las calles de esta ciudad, observando a las personas, niños hambrientos pidiendo dinero o comida, personas de buen porte y tirando la basura en la calle, pero algo me aqueja tengo la sensación que alguien me observa, que alguien teje los hijos de mi vida y me lleva por caminos inciertos.    
Fin.