Best Seller
Desde principios del siglo XX, la mayoría de los bienes
y servicios fueron progresivamente masificándose y haciéndose accesibles para
más y más personas en todo el mundo; pero el efecto no fue el mismo con las
artes, las cuales paulatinamente fueron desplazadas para dar lugar a las nuevas
tendencias de imágenes, sonidos y estilos del nuevo siglo, todo girando sobre el mismo eje axial: las
ventas. Lo que se vende más es lo que se produce más y lo que no se vende, se
desusa. Bajo este axioma del consumismo presenciamos la partida inevitable de
grandes productos e ideas, y otros, para evitar la extinción, simplemente
adoptaron la nueva cara del modernismo cultural, aunque eso signifique perder
los principios de calidad y originalidad.
La nueva pseudo-cultura alcanzó también a la literatura,
con la puesta en órbita del “Best Seller”, aunque este término no es
estrictamente de uso para los libros, sino también para video juegos,
películas, álbumes musicales, etc. Es lo referido a la literatura lo que trataremos
aquí. El anglicismo Best Seller se usa para denominar aquel libro que ha
alcanzado cierta cifra record como el más vendido en cierto intervalo de
tiempo, nada más que superventas. Pero si eso fuera todo, no habría mayor
problema.
Es bien sabido que con la aparición de la televisión, la
computadora, los video juegos y demás dispositivos de entretenimiento, el
hábito de la lectura casi desaparece de nuestra sociedad, así que la mano
todopoderosa del marketing no podía dejar ir este mercado, por lo que se
inventaron los libros y escritores Best Seller, que tienen la intención de
hacerle creer al público que su lectura es una verdadera proeza intelectual y
una gran operación de absorción de saberes, con sus thrillers e historias de
héroes y vidas que se arreglan con golpes de suerte, construyendo una falsa
cultura intelectual, y la mayoría con el trasfondo de convertir su libro en una
trama cinematográfica.
Preguntémonos
¿Qué libro Best Seller me ha puesto a pensar? ¿Qué libro Best Seller ha hecho
una contribución al lenguaje o a la literatura universal? La respuesta es
simple: ninguno. Diametralmente opuesto tenemos a los grandes escritores
universales: Dostoievski y sus célebres novelas psicológicas, ¿quién no ha
sufrido la tensión al leer Crimen y Castigo, los cuentos fantásticos de Jorge
Luís Borges, las novelas eróticas del Marqués de Sade, etc. ? Y ninguno hasta
la fecha es un Best Seller; y como prueba fidedigna e irrefutable de que el
precio no es sinónimo de calidad, el precio del Best Seller mundial “El Código
da Vinci” (entre los 10 más vendidos de la historia) es suficiente para comprar
cinco o seis libros del gran maestro Franz Kafka y devanar las neuronas por
varios meses entendiendo y reflexionando sobre sus extrañas ideas y
surrealistas personajes, en lugar de una rebuscada conspiración y viajes
psicodélicos por Europa, como en el primero.
El
escritor peruano y ganador del premio Nóbel de literatura, Mario Vargas Llosa, reflexiona sobre esta cuestión en su
ensayo-crítica, La Civilización del Espectáculo, publicado este año. “La
literatura light tiene el efecto de ser consumida por el público, con la única
razón de divertir, sin el más mínimo esfuerzo intelectual, y hacer creer a
quien lee, que lo que lee es verdadera literatura”. Según Vargas Llosa, una de las causas de que
la sociedad actual se incline por este tipo de libros es por una especie de
actitud hedonista hacia la vida y el poco compromiso cívico y moral del
escritor moderno, quien ha renunciado a su convicción sociocultural de transformar
y alimentar las mentes con ideas y palabras que sirvan para entender nuestro
mundo, reflexionar sobre las grandes preguntas de la humanidad e incentivar la
curiosidad y el espíritu de las nuevas generaciones.
Dado
el gran éxito comercial que representa el título Best Seller en la portada de
un libro, (sólo comparable, posiblemente, con el que se le otorga un Premio
Nóbel) la estratagema es poner a la venta el libro con el título ya impreso
desde el debut, violando así el principio universal de causa y efecto; en este
caso, primero es el título y después el número de ventas, como ocurrió con
el libro El Aleph, del escritor
brasileño Paulo Coelho (mal escritor, desde mi opinión muy personal).
Supongo que muchos se estarán preguntando ¿cuáles son
los buenos libros? o ¿cuáles son los buenos escritores?, porque tampoco el
hecho de ser un clásico significa que es bueno. Estas preguntas son difíciles
de contestar, pero mi respuesta es: Todo aquel libro que te ponga a pensar. Si
un escritor es incapaz de atrapar a un lector en una profunda reflexión sobre
alguna cosa, es mejor que busque otro empleo. Tal como lo supo hacer en su
momento Nietzsche, el reciente desaparecido premio Nóbel José Saramago, o el escritor moderno de origen japonés Haruki
Murakami, cada uno con una imaginación y estilo exquisito para ahondar en la
psiquis humana.
Sin
querer caer en el pesimismo, el futuro para la literatura no parece nada
prometedor, y no sólo por la calidad de las ideas; además existe otra tendencia
que atenta con la cultura del buen leer: el e-book, o libro electrónico, que a
mi parecer desvirtúa el arte y placer de la lectura en papel, siendo en su
mayoría el formato para los nuevos escritores. Pero mientras aún existan las
obras que dieron forma a la civilización, que impulsaron revoluciones, que
inspiraron amores, y que encendieron la inventiva, habrá la posibilidad que
algún joven o niño descubra una vez más el placer de dar rienda suelta a su
imaginación a través de las más inverosímiles historias y los más extraños
personajes del mundo literario, que ni el cine con su parafernalia de efectos,
puede dar vida.
“Que otros se
jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído.”
Jorge Luís
Borges
Matagalpa 13 de agosto
de 2013.