Yo soy de números, No de letras
“Soy de números, no de letras” es la sentencia usada por
un sin fin de personas afines a las matemáticas para justificar que las letras
y los números recorren senderos distintos sino opuestos. No nos tomaría mucho
tiempo aceptar que la literatura y las matemáticas son campos académicos
disjuntos: poesía, novela, metáforas y rimas por un lado; mientras, ecuaciones,
silogismos y teoremas por el otro. Incluso, podriamos argumentar que la grafía
es diferente. Sin embargo, lo anterior no puede estar más alejado de la
realidad. Existen muchos puntos comunes entre la literatura y las matemáticas, algunos
evidentes y otros que necesitan un análisis más profundo.
En primer lugar tenemos los así llamados guiños
matemáticos en la literatura. La novela contemporánea ha tomado del mundo de
las ciencias en general y de las matemáticas en particular un conjunto de
tópicos e ideas para enriquecer y adornar la ficción. Un ejemplo muy
ilustrativo de esto es la novela de 2003 El
código Da Vinci, del escritor norteamericano Dan Brown. En esta novela el autor toma prestada de las matemáticas la
sucesión de Fibonacci, los anagramas y el concepto de encriptación; usándolos
como pivotes para desarrollar la trama. Estas ideas al ser usadas como recurso
literarios envuelven la obra en un velo de sofisticación y misterio que no deja
indiferente a nadie.
… Mientras cargaba el
proyector con las diapositivas, explicó que el número Phi se derivaba de la
Secuencia de Fibonacci, una progresión famosa no sólo porque la suma de los
números precedentes equivalía al siguiente, sino porque los cocientes de los
números precedentes poseían la sorprendente propiedad de tender a 1,618, es
decir, al número Phi. (El Código Da Vinci. Fragmento)
El Código Da Vinci no es un caso aislado ni es
el primero en el que se usan estos recursos. Podemos rastrear guiños y hasta
ideas profundamente matemáticas en la obra del maestro del relato de ficción
Jorge Luis Borges (1899, Argentina—1986, Suiza). Borges fue el precursor del
relato fantástico en la literatura latinoamericana; y sin duda alguna, Borges
nutrió su obra de ideas, conceptos y hasta estructuras tomados de la ciencia de
Euclides. Una de las ideas recurrentes en la obra de Borges es el concepto del infinito.
Él dedicó muchos cuentos a desarrollar esta idea; con gran maestría Borges creó
metáforas fantásticas para explicar el infinito, un concepto tan abstracto y
difícil de asimilar incluso para matemáticos profesionales. En esta dirección
destacan tres verdaderas piezas de orfebrería con palabras, a saber, El libro de Arena, La Biblioteca de Babel y El Aleph; tres cuentos fuertemente
influenciados por las matemáticas. El infinito e ideas geométricas salpican
toda la obra. En el cuento El Libro de
Arena, Borges trata de acercar al profano la idea que en el intervalo de
números reales (0,1) hay tantos números como números sobre toda la recta de
número reales, una idea aterradora llegaría a decir.
…No puede ser, pero es. El
número de páginas de este libro es exactamente infinito. Ninguna es la primera;
ninguna, la última. No sé por qué están numeradas de ese modo arbitrario. Acaso
para dar a entender que los términos de una serie infinita admiten cualquier
número. (El Libro de Arena. Fragmento)
En segudo lugar, las ideas matemáticas
aplicadas en el contexto de la narración. Este escenario casi siempre está
compuesto por un personaje dotado de una inteligencia superior al promedio y
capaz de pensar fría y calculadoramente. Entre los recursos matemáticos
utilizados en este tipo de narración cuentan los razonamientos lógicos de todo
tipo (eliminación, contradicción, etc.), la combinatoria y el celebre teorema
de Bayes todas herramientas para tomar decisiones y hacer inferencias. La literatura
de detectives está plagada de este tipo de recursos, siendo Sir. Arthur Conan
Doyle (1859 – 1930) con su Sherlock Holmes el primer y principal exponente del
razonamiento lógico en la narración. Otro escritor, en este caso con formación
matemática, a la altura o superior a Doyle, es Lewis Carroll (1832 – 1898) con
sus bien conocidas narraciones de Alicia
en en País de las Maravillas y Alicia
Através del Espejo. Carroll hace un enorme despliegue de recursos lógicos
en estas narraciones: acertijos, paradojas, silogismos lógicos y
contradicciones. Además, el autor crea un mundo de ficción donde las leyes
físicas parecen invalidarse y dan paso a un conjunto nuevo de leyes físicas
igualmente coherentes. En el capítulo
VIII, El Croquet de la Reina, Carroll nos regala este precioso y lógicamente
elaborado pasaje.
La teoría del Verdugo era que resultaba imposible cortar la
cabeza si no había un cuerpo del que cortarla; decía que nunca había tenido que
hacer una cosa parecida en el pasado. La
teoría del Rey era que todo lo que tenía una cabeza podía ser decapitado, y que
se dejara de decir tonteías.
Otro ejemplo que merece la pena mencionar nos
llega de El Cuento de la Isla Desconocida
del premio nobel de literatura José Saramago (1922 – 2010). Saramago hace uso aquí del reduccionismo
lógico para enriquecer el diálogo.
Y tú para qué quieres un barco, si puede saberse, fue lo
que el rey preguntó, Para buscar la isla desconocida, respondió el hombre. Qué
isla desconocida, preguntó el rey, La isla desconocida, repitió el hombre,
Hombre, ya no hay islas desconocidas, Quién te ha dicho, rey, que ya no hay
islas desconocidas, Están todas en los mapas, En los mapas están sólo las islas
conocidas, Y qué isla desconocida es esa que tú buscas, Si te lo pudiese decir,
entonces no sería desconocida, A quién has oído hablar de ella, preguntó el
rey, ahora más serio, A nadie, En ese caso, por qué te empeñas en decir que
ella existe, Simplemente porque es imposible que no exista una isla
desconocida, Y has venido aquí para pedirme un barco, Sí, vine aquí para
pedirte un barco, Y tú quién eres para que yo te lo dé, Y tú quién eres para no
dármelo.
Por otro lado, si nos distanciamos de la
acepción que la palabra simetría tiene en la literatura y nos quedamos con el concepto matemático de
simetría, entonces podemos hablar de simetría matemática en la literatura.
Principalmente la poesía (la buena poesía) está llena de matices simétricos. La
belleza es díficil de explicar, pero todos aceptamos como bello algo simétrico.
Nuestro sentidos reconocen los patrones simétricos en el mundo que nos rodea y
nuestro cerebro lo troduce como belleza. Como resultado de aplicar simetría a
una estrofa se consiguen propiedades subyacentes como: rima, ritmo, cadencia y musicalidad
en los versos. No es casualidad que los poemas más hermosos de Rubén Darío sean
alejandrinos con dos hemistiquios de siete sílabas a cada lado; con esa
estructura Darío logra un alto grado de simetría en sus versos, por tanto,
belleza con palabras.
Cada hoja de cada árbol
canta un propio cantar
y hay un alma en cada
una de las gotas del mar. (Rubén Darío)
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