martes, 4 de octubre de 2016

Yo soy de números, no de letras

Yo soy de números, No de letras


            “Soy de números, no de letras” es la sentencia usada por un sin fin de personas afines a las matemáticas para justificar que las letras y los números recorren senderos distintos sino opuestos. No nos tomaría mucho tiempo aceptar que la literatura y las matemáticas son campos académicos disjuntos: poesía, novela, metáforas y rimas por un lado; mientras, ecuaciones, silogismos y teoremas por el otro. Incluso, podriamos argumentar que la grafía es diferente. Sin embargo, lo anterior no puede estar más alejado de la realidad. Existen muchos puntos comunes entre la literatura y las matemáticas, algunos evidentes y otros que necesitan un análisis más profundo.

            En primer lugar tenemos los así llamados guiños matemáticos en la literatura. La novela contemporánea ha tomado del mundo de las ciencias en general y de las matemáticas en particular un conjunto de tópicos e ideas para enriquecer y adornar la ficción. Un ejemplo muy ilustrativo de esto es la novela de 2003 El código Da Vinci, del escritor norteamericano Dan Brown. En esta novela el autor toma prestada de las matemáticas la sucesión de Fibonacci, los anagramas y el concepto de encriptación; usándolos como pivotes para desarrollar la trama. Estas ideas al ser usadas como recurso literarios envuelven la obra en un velo de sofisticación y misterio que no deja indiferente a nadie.
 
 … Mientras cargaba el proyector con las diapositivas, explicó que el número Phi se derivaba de la Secuencia de Fibonacci, una progresión famosa no sólo porque la suma de los números precedentes equivalía al siguiente, sino porque los cocientes de los números precedentes poseían la sorprendente propiedad de tender a 1,618, es decir, al número Phi. (El Código Da Vinci. Fragmento)

          El Código Da Vinci no es un caso aislado ni es el primero en el que se usan estos recursos. Podemos rastrear guiños y hasta ideas profundamente matemáticas en la obra del maestro del relato de ficción Jorge Luis Borges (1899, Argentina—1986, Suiza). Borges fue el precursor del relato fantástico en la literatura latinoamericana; y sin duda alguna, Borges nutrió su obra de ideas, conceptos y hasta estructuras tomados de la ciencia de Euclides. Una de las ideas recurrentes en la obra de Borges es el concepto del infinito. Él dedicó muchos cuentos a desarrollar esta idea; con gran maestría Borges creó metáforas fantásticas para explicar el infinito, un concepto tan abstracto y difícil de asimilar incluso para matemáticos profesionales. En esta dirección destacan tres verdaderas piezas de orfebrería con palabras, a saber, El libro de Arena, La Biblioteca de Babel y El Aleph; tres cuentos fuertemente influenciados por las matemáticas. El infinito e ideas geométricas salpican toda la obra. En el cuento El Libro de Arena, Borges trata de acercar al profano la idea que en el intervalo de números reales (0,1) hay tantos números como números sobre toda la recta de número reales, una idea aterradora llegaría a decir.



…No puede ser, pero es. El número de páginas de este libro es exactamente infinito. Ninguna es la primera; ninguna, la última. No sé por qué están numeradas de ese modo arbitrario. Acaso para dar a entender que los términos de una serie infinita admiten cualquier número. (El Libro de Arena. Fragmento)


En segudo lugar, las ideas matemáticas aplicadas en el contexto de la narración. Este escenario casi siempre está compuesto por un personaje dotado de una inteligencia superior al promedio y capaz de pensar fría y calculadoramente. Entre los recursos matemáticos utilizados en este tipo de narración cuentan los razonamientos lógicos de todo tipo (eliminación, contradicción, etc.), la combinatoria y el celebre teorema de Bayes todas herramientas para tomar decisiones y hacer inferencias. La literatura de detectives está plagada de este tipo de recursos, siendo Sir. Arthur Conan Doyle (1859 – 1930) con su Sherlock Holmes el primer y principal exponente del razonamiento lógico en la narración. Otro escritor, en este caso con formación matemática, a la altura o superior a Doyle, es Lewis Carroll (1832 – 1898) con sus bien conocidas narraciones de Alicia en en País de las Maravillas y Alicia Através del Espejo. Carroll hace un enorme despliegue de recursos lógicos en estas narraciones: acertijos, paradojas, silogismos lógicos y contradicciones. Además, el autor crea un mundo de ficción donde las leyes físicas parecen invalidarse y dan paso a un conjunto nuevo de leyes físicas igualmente coherentes.  En el capítulo VIII, El Croquet de la Reina, Carroll nos regala este precioso y lógicamente elaborado pasaje.

La teoría del Verdugo era que resultaba imposible cortar la cabeza si no había un cuerpo del que cortarla; decía que nunca había tenido que hacer una cosa parecida en el pasado.  La teoría del Rey era que todo lo que tenía una cabeza podía ser decapitado, y que se dejara de decir tonteías.

Otro ejemplo que merece la pena mencionar nos llega de El Cuento de la Isla Desconocida del premio nobel de literatura José Saramago (1922 – 2010).  Saramago hace uso aquí del reduccionismo lógico para enriquecer el diálogo.


Y tú para qué quieres un barco, si puede saberse, fue lo que el rey preguntó, Para buscar la isla desconocida, respondió el hombre. Qué isla desconocida, preguntó el rey, La isla desconocida, repitió el hombre, Hombre, ya no hay islas desconocidas, Quién te ha dicho, rey, que ya no hay islas desconocidas, Están todas en los mapas, En los mapas están sólo las islas conocidas, Y qué isla desconocida es esa que tú buscas, Si te lo pudiese decir, entonces no sería desconocida, A quién has oído hablar de ella, preguntó el rey, ahora más serio, A nadie, En ese caso, por qué te empeñas en decir que ella existe, Simplemente porque es imposible que no exista una isla desconocida, Y has venido aquí para pedirme un barco, Sí, vine aquí para pedirte un barco, Y tú quién eres para que yo te lo dé, Y tú quién eres para no dármelo.


Por otro lado, si nos distanciamos de la acepción que la palabra simetría tiene en la literatura  y nos quedamos con el concepto matemático de simetría, entonces podemos hablar de simetría matemática en la literatura. Principalmente la poesía (la buena poesía) está llena de matices simétricos. La belleza es díficil de explicar, pero todos aceptamos como bello algo simétrico. Nuestro sentidos reconocen los patrones simétricos en el mundo que nos rodea y nuestro cerebro lo troduce como belleza. Como resultado de aplicar simetría a una estrofa se consiguen propiedades subyacentes como: rima, ritmo, cadencia y musicalidad en los versos. No es casualidad que los poemas más hermosos de Rubén Darío sean alejandrinos con dos hemistiquios de siete sílabas a cada lado; con esa estructura Darío logra un alto grado de simetría en sus versos, por tanto, belleza con palabras.

Cada hoja de cada árbol canta un propio cantar
y hay un alma en cada una de las gotas del mar. (Rubén Darío)


Así, la literatura y las matemáticas convergen en más de una forma. El reconocimiento de esta relación es importante, ya que podemos usar la literatura como dispositivo didáctico para acercar el álgebra y la geometría a los estudiantes menos entusiastas. Además, las nuevas generaciones de escritores pueden encontrar una fuente nueva e inagotable de inspiración en el arte de los números. Finalmente, quisiera recomendar la lectura de la novela El Tío Petros y la conjetura de Goldbach de Apostolos Doxiadis, que considero podrá ser mejor y más claro ejemplo de matemáticas y literatura que cualquiera de mis palabras antes escritas.  

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