jueves, 1 de junio de 2017

Soseki Reflexiona sobre Dios

Soy un Gato
Fragmento

Dios, si bien no del todo impotente, tiene al menos una capacidad limitada, incluso diría que adolece de cierta incompetencia. Su capacidad creativa no es mucho mayor que la propia de un hombre atolondrado. Se supone que Dios creó tantas caras como personas existen. Pero uno no puede evitar pensar que lo que occurió en realidad es que le faltó seguridad en el trazo. Al intentar crear a todos los seres humanos iguales partiendo de los mismos materiales, debió de encontrar la tarea imposible y, en consecuencia, produjo una larga serie de modelos que Él quería iguales, pero que finalmente derivaron en un desorden de proporciones bíblicas. La infinita variedad de caras humanas se puede contemplar a un tiempo como prueba de su éxito o como constatación de su fracaso. Sin saber a ciencia cierta cuáles eran sus objetivos cuando puso en marcha la creación, sólo se puede decir que la variedad de caras humanas puede ser un argumento tanto para apoyar su omnipotencia como para demostrar su incompetencia.

Consideremos ahora los ojos de que Dios dotó a los seres humanos. Los empotró por pares en la superficie plana de la cara de sus propietarios y, por tanto, imposibilitó que pudieran enfocarse simultáneamente hacia el lado derecho y el izquierdo de la misma. En consecuencia, los ojos de los hombres son incapaces de captar de una sola vez más de un objeto concreto. Siendo incapaces de ver en conjunto, incluso a lo referido a los hechos cotidianos que les afectan, no es de extrañar que se centren en los aspectos unidireccionales de la realidad, y tampoco es extraño que caigan rendidos de admiración por su Creador. Cualquier criatura que vea las cosas en su conjunto reconocerá que, si bien es muy difícil crear infinitas variaciones de un modelo, es igualmente difícil concebir absolutas similitudes entre esos prototipos. Si le hubiesen pedido a Rafael que pintase dos retratos exactamente iguales de la Virgen María, se habría dado cuenta de lo imposible que habría sido realizar tal encargo, pues finalmente habría pintado dos cuadros completamente diferentes en absolutamente todos sus detalles. De hecho, puede que pintar retratos similares sea la más dura de todas las tareas posibles.  


Referencia

Soseki, Natsume. Soy un Gato. España: Ipedimenta, 2010. Séptima edición. Pág: 234-235. 

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