El Diablo y el Profesor de Matemáticas
La
desesperación humana ha llevado a caminos retorcidos, enrevesados y poco
ortodoxos para alcanzar un fin, y no hay excepción cuando median los intereses humanos; ese fue el argumento de autoconvencimiento del profesor A para lo que
estaba a punto de hacer.
Ya llevaba
más de un año recopilando libros y utilería de demonología, alquimia, artes
oscuras y demás conocimiento no convencional. Al fin cuando se sintió preparado,
en un día llegada la media noche dibujo con tiza blanca, sobre el suelo, un
círculo de transmutación y dando algunas oraciones invocó al Diablo, quien apareció
entre estruendos, luces y gases sulfúricos; era una figura humanoide, un híbrido
con su cola puntiaguda, sus pesuñas de caballo, grandes orejas, una desaliñada
barba y cabeza parecida a un chivo.
Después
del barullo que antecede a la aparición, el profesor A y el Diablo tomaron
asiento y empezaron las negociaciones. El profesor A cortésmente ofreció una
taza de café, que fue aceptada por tan distinguido visitante.
Ya sé ―dijo
el diablo― quieres ser rico y poderoso, o una supermodelo como esposa o llegar
a presidente de la república, ¿cuál es tu petición? Apresúrate ―dijo con tono
molesto y evidente irritación; ¡no, no, no, no! No quiero nada de eso, aclaró
el profesor quien no se dejó engañar por los
ardid de nuestro ilustre visitante; si es la vida eterna, eso no se
puede, porque una vez muerto vienes conmigo.
Escúchame,
para salir del rutinario protocolo al que ya estás acostumbrado voy a hacerte
una proposición, en el rostro de Satán se encorvaron las cejas en un gestó
evidente de confusión; suéltalo ya astuto aprendiz de calculista, ¿qué quieres
proponer? ―dijo Satán en tono despectivo― te haré una pregunta, si la contestas
en al menos un día seré tu esclavo por 10 años, si no la contestas me pagarás
10 millones de córdobas, ¿Qué te parece? ¡En
lo absoluto! ―exclamó el Diablo― yo no hago tratos temporales, sólo
comercio con almas y esclavitud perenne, ¿qué te crees pequeño bribón? aquí el
que engaña soy yo.
El
profesor A echo un vistazo a un estante donde apilaba más de 500 libros de
matemáticas y a las pizarras que
adornaban el lugar llenas de cálculos ininteligibles, para el no iniciado en el
arte de la abstracción.
Después de
un momento de profunda reflexión agregó el profesor A, está bien mi alma por la
respuesta, el Diablo sonrió malignamente mientras materializaba de la nada un
pergamino de piel que contenía el contrato con las cláusulas acordabas;
mientras rubricaba Satán, el profesor A pinchaba uno de sus dedos para sellar
el acuerdo con sangre.
Una simple
pregunta ―dijo Lucifer con tono victorioso y aires de vencedor― suéltala ya
para que tengas tiempos de hacer las maletas, además, aún puedo visitar a algún
político en lo que queda de la noche.
¿Es cierta
la conjetura de Goldbach? ―preguntó el profesor A con voz temblorosa― ¿La conje…
qué? ¿De quién? Se escuchó rumiar al diablo, desdibujando su
sonrisa y arrugando su cara.
Te explico
más despacio ―dijo el profesor― Christian Goldbach propuso hace mucho tiempo
que:
“Todo
número par mayor que 2 puede escribirse como suma de dos números primos”
por
ejemplo 3 + 7 = 10 ó 13 + 19 = 32
Este problema
lleva sin respuesta casi 300 años, parece funcionar para cualquier número par
que uno tome, sin importar que tan grande sea, como los números son infinitos
no podemos hacer el cálculo uno a uno, así que debemos hacer una generalización
de este enunciado.
¿Me estás
preguntando sobre matemáticas? ―cuestionó el Diablo asombrado― si, lo que pasa
es que ya llevo 20 años dedicado a este asunto y aún no veo la respuesta;
seguramente tú siendo el Diablo sabes mucho de matemáticas, en particular de
teoría de números, pues has tenido la suerte de ver pasar por la tierra a las
mentes más grandes de esta disciplina, en eso tienes razón ―argumentó Satán―
pero todos mis intentos por tentar a esos bichos raros no dio resultado, nada
les interesa más que sus fórmulas y teoremas, aunque no sé más que operaciones
básicas traeré tu respuesta en menos de 24 horas, así que prepárate; y entre
nubes, truenos y el característico azufre se esfumó de la habitación.
Sólo habían
pasado 4 horas cuando el profesor ya estaba por acostarse, entonces, en ese
preciso momento palideció al ver nuevamente al diablo, éste dijo, tranquilo
sólo vengo por una consulta, ya estudié geometría diferencial, análisis
matemático, topología y teoría de grupos, ¿crees que también deba echarle una
mira a la teoría de categorías? Pues deberías, porque todas las matemáticas
siempre se conectan y en este problema no hay caminos claros―le sugirió el
profesor― gracias dijo Satán evaporándose del cuarto del profesor A.
Creo que el
Diablo tendrá una noche bien larga le
hubiera ofrecido café para llevar―dijo el profesor― mientras sus parpados
caían pesados sobre sus ojos cansado y preocupado por su falta de cortesía.
Al día siguiente
a la hora establecida llego el diablo a casa del profesor A, con los ojos
enrojecidos, las pupilas dilatadas, un aspecto estrafalario, enormes ojeras y
un montón de papeles sobre los brazos, que tiró sobre la mesa del profesor, quien
con voz tartamuda preguntó, ¿lo has resuelto?
Secamente y
temblándole las mandíbulas contestó el pobre Diablo, ¡NO!, esa conjetura me ha
superado; viajé por el tiempo, al pasado a platicar con Euler y al futuro a usar
una supercomputadora cuántica y no tuve más que vulgares aproximaciones, visité
un universo paralelo donde conocí un matemático que era capaz de resolver
sistemas dinámicos en la mente e incluso el falló, pero mencionó que quizás la
solución estaba más allá del entendimiento humano de cualquier época, lo que
consideré cierto hasta cierto grado, pues yo no soy humano.
¿Tú has intentado
mucho verdad? ―dijo el Diablo dirigiéndose al profesor A― ha sido el trabajo de
prácticamente toda mi vida, ¿ya probaste las sumas de Ramanujan y la función
gamma? ―pregunto Satán― Sí, pero aún no
logro resolver algunas series que divergen, podemos verlo en la pizarra sugiero
el Diablo al profesor A, quien ya le ofrecía la tiza para que expresará sus
argumentos.


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