viernes, 18 de diciembre de 2015

El Diablo y el Profesor de Matemáticas


La desesperación humana ha llevado a caminos retorcidos, enrevesados y poco ortodoxos para alcanzar un fin, y no hay excepción cuando median los intereses humanos; ese fue el argumento de autoconvencimiento del profesor A para lo que estaba a punto de hacer.

Ya llevaba más de un año recopilando libros y utilería de demonología, alquimia, artes oscuras y demás conocimiento no convencional. Al fin cuando se sintió preparado, en un día llegada la media noche dibujo con tiza blanca, sobre el suelo, un círculo de transmutación y dando algunas oraciones invocó al Diablo, quien apareció entre estruendos, luces y gases sulfúricos; era una figura humanoide, un híbrido con su cola puntiaguda, sus pesuñas de caballo, grandes orejas, una desaliñada barba y cabeza parecida a un chivo.


Después del barullo que antecede a la aparición, el profesor A y el Diablo tomaron asiento y empezaron las negociaciones. El profesor A cortésmente ofreció una taza de café, que fue aceptada por tan distinguido visitante.

Ya sé ―dijo el diablo― quieres ser rico y poderoso, o una supermodelo como esposa o llegar a presidente de la república, ¿cuál es tu petición? Apresúrate ―dijo con tono molesto y evidente irritación; ¡no, no, no, no! No quiero nada de eso, aclaró el profesor quien no se dejó engañar por los  ardid de nuestro ilustre visitante; si es la vida eterna, eso no se puede, porque una vez muerto vienes conmigo.

Escúchame, para salir del rutinario protocolo al que ya estás acostumbrado voy a hacerte una proposición, en el rostro de Satán se encorvaron las cejas en un gestó evidente de confusión; suéltalo ya astuto aprendiz de calculista, ¿qué quieres proponer? ―dijo Satán en tono despectivo― te haré una pregunta, si la contestas en al menos un día seré tu esclavo por 10 años, si no la contestas me pagarás 10 millones de córdobas, ¿Qué te parece? ¡En  lo absoluto! ―exclamó el Diablo― yo no hago tratos temporales, sólo comercio con almas y esclavitud perenne, ¿qué te crees pequeño bribón? aquí el que engaña soy yo.

El profesor A echo un vistazo a un estante donde apilaba más de 500 libros de matemáticas  y a las pizarras que adornaban el lugar llenas de cálculos ininteligibles, para el no iniciado en el arte de la abstracción.

Después de un momento de profunda reflexión agregó el profesor A, está bien mi alma por la respuesta, el Diablo sonrió malignamente mientras materializaba de la nada un pergamino de piel que contenía el contrato con las cláusulas acordabas; mientras rubricaba Satán, el profesor A pinchaba uno de sus dedos para sellar el acuerdo con sangre. 

Una simple pregunta ―dijo Lucifer con tono victorioso y aires de vencedor― suéltala ya para que tengas tiempos de hacer las maletas, además, aún puedo visitar a algún político en lo que queda de la noche.

¿Es cierta la conjetura de Goldbach? ―preguntó el profesor A con voz temblorosa― ¿La conje… qué?  ¿De quién?  Se escuchó rumiar al diablo, desdibujando su sonrisa y arrugando su cara.

Te explico más despacio ―dijo el profesor― Christian Goldbach propuso hace mucho tiempo que:

“Todo número par mayor que 2 puede escribirse como suma de dos números primos”
por ejemplo 3 + 7 = 10  ó  13 + 19 = 32


Este problema lleva sin respuesta casi 300 años, parece funcionar para cualquier número par que uno tome, sin importar que tan grande sea, como los números son infinitos no podemos hacer el cálculo uno a uno, así que debemos hacer una generalización de este enunciado.

¿Me estás preguntando sobre matemáticas? ―cuestionó el Diablo asombrado― si, lo que pasa es que ya llevo 20 años dedicado a este asunto y aún no veo la respuesta; seguramente tú siendo el Diablo sabes mucho de matemáticas, en particular de teoría de números, pues has tenido la suerte de ver pasar por la tierra a las mentes más grandes de esta disciplina, en eso tienes razón ―argumentó Satán― pero todos mis intentos por tentar a esos bichos raros no dio resultado, nada les interesa más que sus fórmulas y teoremas, aunque no sé más que operaciones básicas traeré tu respuesta en menos de 24 horas, así que prepárate; y entre nubes, truenos y el característico azufre se esfumó de la habitación.

Sólo habían pasado 4 horas cuando el profesor ya estaba por acostarse, entonces, en ese preciso momento palideció al ver nuevamente al diablo, éste dijo, tranquilo sólo vengo por una consulta, ya estudié geometría diferencial, análisis matemático, topología y teoría de grupos, ¿crees que también deba echarle una mira a la teoría de categorías? Pues deberías, porque todas las matemáticas siempre se conectan y en este problema no hay caminos claros―le sugirió el profesor― gracias dijo Satán evaporándose del cuarto del profesor A.

Creo que el Diablo  tendrá una noche bien larga le hubiera ofrecido café para llevardijo el profesor mientras sus parpados caían pesados sobre sus ojos cansado y preocupado por su falta de cortesía.

Al día siguiente a la hora establecida llego el diablo a casa del profesor A, con los ojos enrojecidos, las pupilas dilatadas, un aspecto estrafalario, enormes ojeras y un montón de papeles sobre los brazos, que tiró sobre la mesa del profesor, quien con voz tartamuda preguntó, ¿lo has resuelto?

Secamente y temblándole las mandíbulas contestó el pobre Diablo, ¡NO!, esa conjetura me ha superado; viajé por el tiempo, al pasado a platicar con Euler y al futuro a usar una supercomputadora cuántica y no tuve más que vulgares aproximaciones, visité un universo paralelo donde conocí un matemático que era capaz de resolver sistemas dinámicos en la mente e incluso el falló, pero mencionó que quizás la solución estaba más allá del entendimiento humano de cualquier época, lo que consideré cierto hasta cierto grado, pues yo no soy humano.


¿Tú has intentado mucho verdad? ―dijo el Diablo dirigiéndose al profesor A― ha sido el trabajo de prácticamente toda mi vida, ¿ya probaste las sumas de Ramanujan y la función gamma?  ―pregunto Satán― Sí, pero aún no logro resolver algunas series que divergen, podemos verlo en la pizarra sugiero el Diablo al profesor A, quien ya le ofrecía la tiza para que expresará sus argumentos.             

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