La
Juventud-Luciérnaga
“La televisión es el opio del
pueblo”
Ernesto Sábato
La
humanidad, desde su aparición en la tierra, ha vivido muchas eras según el
desarrollo histórico-social en el que se encuentre: la era del bronce, la era
medieval, la ilustración, el renacimiento, la revolución industrial y en la
actualidad la era de la información y la tecnología, el tecnocentrismo, con su
más diabólico instrumento, la pantalla.
El
ser humano es capaz de moldear su entorno natural, crear condiciones para su
propio bienestar y supervivencia, llevar energía a sus hogares, domesticar
animales y demás, utilizando para éste fin la ciencia y la tecnología, pero
¿pueden las cosas revertirse en contra del gran creador? ¿Es el ocio y el placer moderno el fin del
potencial creativo de la humanidad?
Todas
las esperanzas de una nación siempre están puestas en la juventud, el futuro es
de los jóvenes, los jóvenes continuarán la causa, las generaciones venideras
tienen el reto, etc. Son algunos de los slogan (plegarias) de quienes han dado
una pequeña (o gran) contribución a la humanidad, pero ¿estamos viendo lo que
la juventud está haciendo hoy para prepararse para el mañana? Ocho o diez horas
de televisión al día, horas frente a la pantalla de una computadora, juegos de
video, chat por teléfonos celulares y a lo sumo un libro en dos o tres años y
por cumplir con las obligaciones escolares ¿Tiene la juventud contemporánea
alguna clase de dependencia por las pantallas? Es casi demencial y a la vez
deprimente ver como se pierden talentos, se destruyen personalidades, se
distorsiona la identidad y se entorpece la creatividad de estos seres que
parecen mosquitos atraídos por la luz de las pantallas.
Un
bachiller de nuestras escuelas está prácticamente imposibilitado para redactar,
por falta de coherencia en sus ideas, múltiples errores ortográficos y un vocabulario
condenado a la redundancia, legado de sus eternas horas de chat y uso de
correctores ortográficos de los procesadores de textos informáticos, falto de
creatividad e imaginación, porque ha sido aletargado y enceguecido por el
espectáculo televisivo, ¿para qué leer el libro si van a hacer la película?
¿Para qué estudiar, si puedo ver un documental? ¿Para qué caminar y hacer
ejercicio, si puedo entrenar con un video? ¿Para qué escribir, si puedo cortar
y pegar? ¡Que ridículo! Hasta suena obsceno, es como si la televisión y la
computadora tuvieran la respuesta para todas las necesidades humanas.
¿Es
culpa del capitalismo?, que nos volvió consumistas, ¿Es culpa del sistema
social? por falta de empleo, ¿Es culpa de la educación? Por no ser más vehemente
con nuestros hábitos de lectura, podríamos encontrar tantos culpables como
quisiéramos, sin embargo el único culpable es el propio ser humano, quien nunca
ha advertido las consecuencias de sus propios actos.
Hay
momentos en los que deseo leer un poco, y sólo es posible pasadas las diez de
la noche cuando toda la alegórica maquinaria del espectáculo ha descendido a
niveles tolerables, por momentos busco escape en un café, ¡y que decepción!, ya
no quedan cafés, son solo una mezcla extraña de discoteca y plaza de mercado
llenos de: luces, ruido, música y la infaltable televisión que se alzan regia
en una pared a lo alto, exhibiendo todo su esplendor lista para para encadenar
con su encantos a todo aquel que escuche sus cantos de sirena, sólo falta que
pongan una gran pantalla plana en el interior de una catedral.
Dirán
algunos detractores, son tiempos modernos y hay que acostumbrarse, o son los
avances de la sociedad cambiante, pero ¿por qué países como Japón? Puntero en
el desarrollo de dispositivos de entretenimiento como: video juegos,
computadoras, Tablet y exportador principal de manga y anime al mundo entero
tiene una de las mejores educaciones del mundo y los índices más altos de
lectura en sus infantes ¿por qué no están hipnotizados frente a una pantalla? Y
en contraste los países latinoamericanos, (con los países más pobres del mundo)
tiene los peores sistemas educativos, profesionales poco competitivos en el
mercado internacional, desarrollo científico nulo, economías endebles, y un
promedio de lectura en la población que no sobrepasa la media de dos o tres
libros por años, pero con un hábito frente a la televisión olímpico, que va
desde las telenovelas, películas, caricaturas, parodias hasta la platónica
reflexión de los anuncios comerciales.
Algo
debemos hacer por estos jóvenes, es imperante, es obligación de todos. No
podemos permitir que sigan sumergidos en los mares de ondas electromagnéticas
de la televisión.
Matagalpa, 17 de marzo de 2013
Excelente la reflexión, llevo 3 años pensando en lo mismo,mayoritariamente los paises tercer mundista tiene esa mala costumbre, no se si para beneficio propio,ó, porque tambien tiene el mismo problema .
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